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RFID: todos etiquetados

Publicado por Darío Pescador el 8 octubre, 2004 - 03:00 Comentar

La identificación por radiofrecuencia promete acabar con las colas en caja, ahorrar millones en logística y tener localizado a todo el mundo en todo momento. Pero hay que tener cuidado con lo que se desea, puede convertirse en realidad.

Imagine que hace la compra en el supermercado, y que cada vez que pone un producto en el carrito, aparece su precio en una pequeña pantalla situada en el asidero, junto con la suma total de la compra hasta ese momento. Si decide devolverlo a la estantería, se resta su valor automáticamente.

A la salida del supermercado ya no hay línea de cajas, ni molestas colas. En su lugar, se acerca a un cajero automático, similar al de los aparcamientos. La pantalla del cajero muestra el montante del contenido del carrito y le permite pagar con tarjeta de crédito, pero no hace falta que la saque del bolsillo. Tan sólo confirme la operación y le será cargado en cuenta.

Este supermercado puede abrir cualquier día sus puertas cerca de su casa, si prospera una tecnología llamada RFID, o identificación por radiofrecuencia, y que pretende entre otras cosas sustituir y mejorar al veterano código de barras.

Cómo funciona


La idea es colocar un chip diminuto en la etiqueta o el embalaje de cada producto, conectado a una delgada antena de cobre, como las que se utilizan en las etiquetas antirrobo. Cuando el chip pasa cerca de un dispositivo lector, emite un código único que lo identifica, por ejemplo, como perteneciente a un bote de dos kilos de detergente. Si se coloca uno de estos lectores en el carrito y otro en la caja del supermercado, el sistema ya está en marcha.

Los chips RFID más sencillos, llamados pasivos, no necesitan baterías para funcionar. La energía electromagnética que emite el lector induce una pequeña corriente eléctrica en la antena, suficiente para alimentar el chip y que éste emita a su vez la respuesta con el código de identificación. El tamaño puede reducirse hasta un cuadrado de medio milímetro de lado, delgado como el papel, y el alcance está entre un centímetro y cinco metros.

Los chips activos disponen de su propia alimentación, mayor alcance y capacidad de almacenamiento de datos. Tienen el tamaño de una moneda, y también son más caros, alrededor de un euro por unidad, comparados con los 20 céntimos de un chip pasivo. Por este motivo se reservan para productos cuyo precio lo justifique, como por ejemplo, electrodomésticos.

Las ventajas no son sólo para el cliente. La logística se simplifica enormemente. Las estanterías disponen de un lector que detecta cuando se están terminando las latas de tomate frito, por ejemplo, y envían una señal al almacén para reponerlas. Se puede saber exactamente lo que se carga y descarga de cada camión sin necesidad de contarlo.

El año pasado los supermercados Metro en Alemania pusieron en marcha el proyecto Future Store en la ciudad de Rheinberg. En este supermercado se usan etiquetas de radiofrecuencia, estanterías con detectores y carros inteligentes con pantalla táctil. Grandes fabricantes como Gillette, Kraft o Procter & Gamble han comenzado a incluir estas etiquetas en sus productos.

El mayor impulsor de la tecnología, aunque sea por la fuerza, es el gigante estadounidense Walmart. Con la intención de ahorrar en costes de inventario, Walmart está empujando a sus proveedores a incluir etiquetas RFID en todos los productos antes de 2005. Si esto ocurre, las cadenas de la competencia también adoptarán la medida para no quedarse atrás.

De momento hay algunos problemas técnicos. Los lectores no siempre son capaces de identificar los productos si se encuentran en grandes cantidades, como por ejemplo en los pallets de un almacén, tanto por las interferencias como por el tiempo de lectura necesario. Además, las ondas de radio no atraviesan los metales, y a altas frecuencias son absorbidas por el agua. Un problema para contar las latas y botellas. También hay que definir una forma de desactivar los chips al pagar, o de lo contrario el sistema podría intentar cobrar la ropa que llevamos puesta.

Sin embargo, el principal obstáculo es el precio. Los 20 céntimos que cuesta un chip son difíciles de justificar cuando el producto se vende por dos euros. Pero se espera que baje hasta menos de cinco céntimos en 2005. A partir de ese momento hay que prepararse para la explosión. En breve, en EEUU todos los productos llevarían su etiqueta RFID, y un poco más tarde, en toda Europa.

Más allá del supermercado


La tecnología no es nueva. Desde hace años se implantan chips de radiofrecuencia en animales domésticos para su identificación. Algunos automóviles disponen de un chip en la llave de contacto, sin el cual no es posible arrancar. Las tarjetas de acceso por radiofrecuencia están sustituyendo a las de banda magnética, ya que sólo hay que acercarlas al lector para que funcionen.

Pero es precisamente la reducción en el tamaño y el precio lo que puede llevar a estos dispositivos a invadir todos los rincones de la vida cotidiana. Un ejemplo son las tarjetas de telepeaje, como las del sistema Via T que funcionan en varias autopistas españolas, y que permiten pagar sin necesidad de detener el vehículo.

Hace unos pocos meses, la discoteca Baja Beach Club de Barcelona anunciaba la implantación de dispositivos de identificación Verichip a sus clientes VIP. Con un implante del tamaño de un grano de arroz bajo la piel del brazo se tiene acceso a la zona reservada de la discoteca, y las consumiciones se apuntan en la cuenta del cliente.

De forma más prosaica, se utilizan etiquetas RFID para identificar y trazar pallets en almacenes, libros en bibliotecas, equipaje en aeropuertos, contenedores en puertos marítimos, lecturas de sensores sísmicos y meteorológicos, o el pago en transportes públicos, como Octopus Card en Hong Kong. El reloj Snowpass de Swatch funciona como tarjeta forfait en muchas pistas de esquí europeas.

El fabricante Michelin ha comenzado a insertar etiquetas RFID en sus neumáticos, con la intención de tener localizadas las ruedas a lo largo de su vida útil, en el caso de que aparezcan series defectuosas. Gracias a nuevos chips en desarrollo, también será posible controlar la presión y temperatura, y enviar los datos a la pantalla del salpicadero.

El chip orwelliano


Cualquier cosa que emita ondas electromagnéticas puede ser localizada, como ocurre con el sistema GPS o el servicio de búsqueda de restaurantes cercanos del teléfono móvil. Las etiquetas RFID, aunque pequeñas, no se libran de este fenómeno.

El parque temático Legoland en Dinamarca está utilizando la tecnología AeroScout de BlueSoft para controlar a los niños durante la visita. Se proporciona a cada niño una pulsera con un emisor Kidspotter. Si los padres lo pierden de vista, se les envía un SMS con la posición del niño dentro del parque. AeroScout funciona con la tecnología WiFi, que proporciona mejor cobertura y necesita menos estaciones detectoras.

Combinando la identificación con la localización se están desarrollando sistemas para controlar a los internos en algunas cárceles de EEUU. El control de entradas y salidas sería automático. Durante
un motín o una reyerta, sería posible saber exactamente la situación de cada uno de los participantes. En el futuro sería posible construir cárceles sin muros, como en aquella pésima película protagonizada por Rutger Hauer, aunque la decapitación automática de los fugados parece una medida excesiva.

El temor a la pérdida de intimidad está fomentando la aparición de un movimiento en contra de RFID. En el futuro, sólo con pasar por delante de un lector se podrá conocer cada una de las prendas que llevemos puestas, los números de todas las tarjetas, la marca y número de teléfono móvil, el historial de las compras anteriores en ese establecimiento, y qué otras tiendas se han visitado dentro del mismo centro comercial. Una información que haría salivar a cualquier consultor de marketing.

La capacidad de controlar todas las actividades de los ciudadanos también es tentadora para cualquier gobierno. Imagine que está circulando por una autopista a una velocidad ligeramente superior a la permitida. Un detector en la cuneta identifica el chip en su automóvil, y el chip en su permiso de circulación, y calcula su velocidad. La información pasa al ordenador de la Dirección General de Tráfico, que procede a descontar el importe de la multa de su cuenta corriente.

Llevados al extremo, está la memorable escena de Demolition Man, donde una máquina multa a Sylvester Stallone cada vez que profiere un juramento. Ahora sabemos que es posible llegar a eso, pero ¿queremos?


Re: RFID: todos etiquetados

8 octubre, 2004 - 05:36
albertcuesta

Artículo en News.com sobre la posibilidad de borrar y reescribir la información de las etiquetas RFID.

(vía Barrapunto)

RFID para PDA

8 octubre, 2004 - 05:54
Anónimo

Hay una noticia en PDA Live sobre una tarjeta SD Matsushita que incluye funciones de identificación por RFID:

http://www.pdalive.com/showarticle.php?threadid=7215

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