Sí, el iPhone es casi tan bueno como se esperaba
La palabra es expectación. Durante los últimos seis meses, el iPhone de Apple ha sido objeto de 11.000 artículos en prensa, y una consulta en Google entrega 69 millones de resultados. Los devotos han acampado frente a las tiendas Apple Store; los blogueros lo han bautizado el 'Jesúsfono'. Y todo eso antes de que ni un solo consumidor lo haya tenido en la mano.
¿Qué tal es el iPhone?
Pues resulta que buena parte de la expectación y parte de las críticas están justificadas. El iPhone es revolucionario, y tiene defectos. Tiene sustancia, y es apariencia. Hace cosas que ningún otro teléfono ha hecho antes, y le faltan cosas que tienen hasta los teléfonos más básicos.
A menos que haya usted vivido en una burbuja estanca durante el último medio año, ya sabrá qué es el iPhone: un pequeño y estupendo ordenador de mano cuya pantalla es una losa de cristal sensible al tacto.
Los dos modelos, de 500 y 600 dólares, llevan 4 y 8 gigabytes de memoria, respectivamente, en los que caben unas 825 o 1.825 canciones. (En ambos casos, 700 megabytes están ocupados por el software del teléfono). Es mucho dinero, pero hay que pensar que por ese precio se incluyen un teléfono móvil, un iPod Video, un terminal de correo-e, un navegador web, una cámara, un despertador, una agenda tipo Palm y todo un símbolo de prestigio.
Gráfico interactivo del iPhone (clic para ampliar)El iPhone es tan elegante y delgado que hace parecer obesos los Treos y los BlackBerrys. El cristal se ensucia (aunque se limpia con un golpe de manga) pero no se raya fácilmente. Llevo dos semanas andando con un iPhone en el bolsillo, desnudo y desprotegido (el iPhone, no yo) y no tiene ni una sola marca.
Pero el mayor logro es el software. Es rápido, precioso, exento de menús y sencillísimo de manejar. Es imposible perderse, porque el solitario botón físico situado bajo la pantalla siempre abre la página de Inicio, que contiene los iconos de las 16 funciones del iPhone.
Probablemente habrá usted visto los anuncios de Apple, que muestran cómo los elementos de la pantalla responden a su propia física. Las listas se deslizan con un gesto del dedo, las portadas de los CD se hojean como si fueran páginas, los mensajes de correo-e se esconden en una papelera. Sí, se trata de cosmética; pero hace que usar el teléfono sea divertido, algo que no se puede decir de la mayoría de los móviles.
Apple ha elegido a AT&T (antes denominada Cingular) como operadora exclusiva del iPhone [en los EE.UU.] para los próximos años, en parte porque la empresa dió carta blanca a Apple para revisar todo lo que la gente odia de los teléfonos móviles.
Por ejemplo, cuando el teléfono salga a la venta este viernes, no habrá que contratar el servicio en la tienda, bajo la presión del vendedor. Se podrán comparar los planes tranquilamente y elegir uno en el software iTunes del ordenador.
David Pogue recibió su iPhone hace dos semanas (clic para ver el vídeo)Y mejor aún, disponer de servicio Internet ilimitado sólo añade 20 dólares al mes a los precios de los contratos de voz de AT&T, más o menos la mitad de lo que pagan los poseedores de un BlackBerry o un Treo. Por ejemplo, con 60 dólares se tienen 450 minutos de voz, 200 mensajes de texto e Internet sin límite; por 80 dólares se duplica el tiempo de voz. El iPhone requiere contratar uno de dichos planes de 'voz más Internet' y un compromiso de permanencia durante dos años.
En el iPhone no se consulta el buzón de voz; es él quien nos avisa. Pulsando un botón aparece una lista de mensajes en espera, como si fueran de correo-e. No hay que llamar, ni introducir contraseñas, ni escuchar cómo un robot somnoliento nos dice que 'Usted...ha...recibido...veinti...tres...mensajes'.
Para responder las llamadas, se pulsa el botón Answer (Responder) de la pantalla, o se pellizca el bulto microscópico del micrófono, incrustado en el cable blanco de los auriculares. En ambos casos, la música o el vídeo en reproducción se detienen hasta que colgamos. (Mientras se escucha música, el pellizco en cuestión interrumpe la canción. Un doble pellizco salta a la canción siguiente).
No obstante, hacer una llamada puede requerir hasta seis pasos: despertar el teléfono, desbloquear los botones, abrir la pantalla de Inicio, abrir el programa de Teléfono, consultar la lista de llamadas recientes o de números programados, y elegir un nombre. La calidad de la llamada es sólo mediana, y depende de la intensidad de señal de AT&T.
El correo-e es fantástico. Los mensajes se reciben con su formato y todos sus gráficos; incluso se pueden abrir (aunque no editar) documentos de Word, Excel y PDF.
Sin embargo, la verdadera estrella es el navegador web. No se trata del típico 'Navegador Móvil Básico', claustrofóbico y con las funciones recortadas. Las páginas web se ven tal cual, con sus tipos de letra originales, reducidas para que quepan en la pantalla. Se recorren con la punta del dedo, mucho más rápidamente que cualquier barra de deslizamiento. Con dos toques se amplía un bloque de texto para leerlo mejor, y se puede girar 90 grados la pantalla, con lo que la imagen también gira y se amplía hasta ocupar la vista más ancha.
Por último, se puede ampliar una página web (o un mensaje de correo-e, o una foto), separando el pulgar y el índice en contacto con la pantalla. La imagen crece como si estuviera en una lámina de goma.
El iPhone también es un iPod. Mientras se encuentra en su base de carga USB de sobremesa, el iPhone sorbe la música, los vídeos y las fotos del Mac o PC con Windows. Tanto las fotos como las películas e incluso los vídeos de YouTube se ven espectaculares en la brillante pantalla de muy alta resolución de 3,5 pulgadas.
El módulo de Google Maps permite ver el plano o la fotos aére de cualquier dirección. También indica la ruta para llegar a nuestro destino, aunque no es un verdadero GPS: el iPhone no sabe dónde nos encontramos, así que hay que tocar la pantalla cuando necesitamos la instrucción siguiente.
Pero hay un premio de consolación que no está nada mal: información de tráfico gratuita en directo, indicada en el mapa mediante colores de las carreteras.
Apple afirma que cada recarga de batería da para ocho horas de llamadas, siete horas de vídeo o 24 horas de audio. Mis resultados no han sido tan impresionantes: yo sólo he logrado cinco horas de vídeo y 23 horas de audio, seguramente porque no apagué el teléfono, la WiFi ni otras funciones, a diferencia de Apple en sus pruebas. En la práctica, probablemente se acaba teniendo que recargar cada dos días.
Así pues, el iPhone es asombroso. Pero no, no es perfecto.
Carece de ranura para tarjetas de memoria, programa de chat y marcación por voz. No se pueden instalar programas de nadie que no sea Apple; el resto de las empresas sólo podrán crear mini-programas en la web, adaptados al iPhone. El navegador no admite Java ni Flash, lo que impide el acceso a millones de vídeos de la web.
Galería de fotos tomadas con la cámara del iPhone (clic para ampliar)La cámara de dos megapíxels saca unas fotos excelentes, siempre que el sujeto se esté quieto y bien iluminado. Pero no puede grabar vídeos. Y tampoco se pueden mandar mensajes multimedia (MMS) a otros teléfonos móviles.
Apple indica que la batería comienza a perder capacidad tras unas 300 o 400 recargas. Al final, hay que mandar el teléfono a Apple y pagar para que le cambien la batería, tal como ocurre con los iPod.
Y luego está el pequeño asunto del tecleo. Pulsar las pequeñas teclas virtuales de la pantalla resulta frustrante, especialmente al principio.
Hay dos cosas que hacen tolerable la operación. Para empezar, un software muy inteligente se ofrece a completar las palabras que vamos escribiendo, y cuanto tecleamos una letra incorrecta, deduce qué palabra queríamos escribir. En ambos casos, pulsando la barra espaciadora se acepta la sugerencia.
El 'teclado' del iPhone (clic para ampliar)En segundo lugar, el folleto de instrucciones nos invita a "confiar" en el teclado (o, como me dijo medio en broma uno de los responsables del producto, a "usar la Fuerza"). Les sonará a chorrada 'new-age', pero funciona; en cuanto dejas de preocuparte por cada una de las letras y te decides a ir avanzando, la rapidez y la precisión mejoran considerablemente.
Aún así, la introducción de texto no es el punto fuerte del iPhone. Por ahora, no es de esperar que desaparezcan los BlackBerry.
El problema principal es la red de AT&T. En un comparativo de Consumer Reports, la cobertura de AT&T quedó la penúltima o la última en 19 de las 20 mayores ciudades. Mis propias pruebas realizadas en cinco estados lo confirman. Si el lema de Verizon es "¿Me oyes?", el de AT&T debería ser "Te pierdo".
También está el asunto de Internet. Mientras estamos en el radio de alcance de un punto de acceso WiFi, la conexión es rápida y satisfactoria. Pero de lo contrario, hay que usar la anticuada red celular EDGE de AT&T, que es terriblemente lenta. La portada del New York Times tarda 55 segundos en aparecer; la de Amazon.com, 100 segundos; la de Yahoo, dos minutos. Uno casi añora la conexión por módem. [El comentario de David Pogue se refiere al mercado norteamericano; Apple todavía no ha comunicado cuál será el operador que comercializará el iPhone en Europa].
Hay quien considerará disuasorios estos inconvenientes. Por otra parte, tanto el iPhone como la red irán mejorando. Apple destaca que, a diferencia de otros teléfonos móviles, éste podrá ser mejorado (y lo será) mediante actualizaciones de software gratuitas. Es de agradecer, porque yo mismo he encontrado un par de pequeños errores y hasta se me ha 'colgado' una vez. (También queda libre un tentador espacio para otra fila de iconos en la pantalla de Inicio). Un modelo futuro de iPhone será capaz de aprovechar la nueva red de datos de AT&T, mucho más rápida, que actualmente cubre 160 ciudades.
Pero incluso en su versión 1.0, el iPhone sigue siendo el chisme electrónico más sofisticado y renovador que se ha visto en varios años. Hace tan bien tantas cosas, y de forma tan agradable, que uno tiende a olvidar sus debilidades.
En otras palabras, tal vez la expectación por el iPhone no fuera exagerada. Como dijo una vez cierto deportista, "si lo consigues, es que no estabas alardeando".
(c) 2007 David Pogue.
Publicado en The New York Times y reproducido con permiso del autor.














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