El nuevo Mac OS X Leopard a prueba
Si eres una empresa de informática ¿qué diablos le añades a la sexta versión anual de tu sistema operativo? No es que queden muchos huecos por llenar. La gente no se echa a la calle para reclamar una forma mejor de organizar las fotos.
Ése es el reto al que Apple se enfrentó al desarrollar Mac OS X 10.5, bautizado como Leopard y que sale hoy a la venta tras un retraso de cuatro meses. Su precio es de 129€, existe un pack familiar de cinco licencias por 199€, y se incluye gratis en los Macs nuevos. Como dice Steve Jobs, por ese precio "todo el mundo se lleva la versión Ultimate" (lo cual es toda una bofetada a Microsoft, que vende al menos cinco versiones de Windows Vista, la más completa de las cuales se llama Ultimate y cuesta 400€).
Microsoft lo tuvo un poco más fácil con Vista, porque todo el mundo sabía lo que le hacía falta a Windows: mejor seguridad. Tal vez Mac OS X sea más difícil de hackear, o quizá los programadores de virus consideran que el 8% de cuota de mercado que tiene el Mac es demasiado minúscula para molestarse por ella. Pero lo cierto es que, en sus seis años de vida, el Mac OS X no ha sufrido ni un solo brote de virus o infección de spyware.
Así que el objetivo de Apple con Leopard ha sido el de hacernos ver necesidades de las que ni siquiera éramos conscientes, algo en lo que Apple suele ser muy buena.
En la web de Apple se citan 300 características nuevas de Leopard. No es precisamente que todas sean revolucionarias: entre ellas se cuentan un tipo de letra Braille, un salvapantallas con la "Palabra del día" y un corrector ortográfico de danés. (¿Emocionante, no?)
Afortunadamente, hay otras que sí nos hacen pensar "¡Claro! ¿Cómo no se les había ocurrido antes!"
La que Apple destaca más, y con razón, se llama Time Machine. Se trata de un programa de copias de seguridad.
El escritorio de OS X Leopard, con la nueva función Stacks: clic para ampliarPor supuesto, el mundo está lleno de programas para hacer copias de seguridad. El problema es que prácticamente nadie los usa. Lo más probable es que usted mismo no disponga, en este momento, de una copia de seguridad periódica y automática de todo su ordenador.
Time Machine conserva varias copias de todo (programas, configuraciones, ficheros, fotos, hasta el sistema operativo propiamente dicho) en un segundo disco duro, o en otro Mac de la red con Leopard. La necesidad de un segundo disco es una pesadez, claro, pero es un mal inevitable. Además, los discos duros son baratos: se puede comprar uno interno de 250 GB por 100€.
Al conectar el segundo disco, Leopard nos pregunta si queremos usarlo para Time Machine. Si aceptamos, él se encarga de todo. Un único clic: sin duda, la configuración más breve de la historia en sistemas de copia de seguridad.
Time Machine actualiza cada hora su copia de nuestro disco duro, aunque tambié se pueden forzar las actualizaciones a voluntad. Al final de cada día, Time Machine sustituye las copias horarias por una única copia diaria; al final de cada mes, las copias diarias son a su vez sustituidas por una única copia mensual. (Apple considera que nadie tarda un mes en darse cuenta de que su disco se ha estropeado).
En caso de desastre (cónyuge manazas, despiste propio), uno recurre a la modalidad de recuperación de Time Machine. El moderno y elegante escritorio de Leopard se oculta como un telón, dejando a la vista un horizonte espacial. La ventana que antes contenía nuestros ficheros aparece flotando ante nosotros, con docenas de iteraciones de sí misma detrás, perdiéndose en el fondo.
Ahora podemos ir retrocediendo en el tiempo por dichas ventanas, hasta encontrar la correspondiente al momento anterior al desgraciado suceso. (También se pueden buscar ficheros perdidos, mediante la ventana de Búsqueda). Una vez localizados los ficheros que buscamos y pulsado el botón de Restaurar, el escritorio normal vuelve al primer plano, con los iconos recuperados de vuelta en sus ventanas originales.
La fabulosa vista espacial animada no es del gusto de todos: los críticos consideran que se trata de cosmética innecesaria. Pero el objetivo era hacer que Time Machine resulte tan atractivo como destacado y fácil de usar. Cuanta más gente se pueda convencer para que lo activen, más se ahorrarán el disgusto de perder sus fotos, su música y su correo-e.
Las copias de seguridad no son la única función que cambia la forma rutinaria de trabajar. Quick Look permite pulsar la barra espaciadora para ver a tamaño natural el contenido de un icono de documento, en el mismo escritorio y sin tener que abrir el programa con el que lo creamos. Funciona con los tipos de fichero más habituales: Word, Excel, Power Point, PDF, HTML, la suite iWork de Apple, ficheros de texto, fotos, música, películas, tipos de letra, etc. y es fantástica.
Hay otra que se llama Spaces, que ofrece hasta 16 monitores virtuales de tamaño completo. En cada una se pueden aparcar las ventanas de un programa, actividad o proyecto distinto (el correo-e y el chat en la Pantalla 1, Photoshop en la Pantalla 2...) e ir cambiando a voluntad entre esos "monitores externos". Una ingeniosa vista de mapa permite arrastrar las ventanas virtuales por el espacio, e incluso arrastrar ventanas abiertas de una pantalla a otra.
No es que el software de pantallas virtuales sea una novedad, pero tenerlo incorporado y que sea tan fácil de usar constituye una gran diferencia.
Los controles parentales de Leopard están a la altura de los de Windows Vista. Ahora podemos establecer límites horarios al uso del ordenador por parte de los niños (diferentes en los días laborables y los festivos) e incluso hacer que el Mac se apague solito a la hora de acostarse. Sus actividades quedan registradas, incluidas las personas con las que han cruzado correos y chats, y los sitios web que han visitado.
La lista de detallitos menores es muy larga: un Boot Camp mejorado permite reiniciar con Windows los modelos actuales de Mac. La compartición de pantallas, ya sea a través de la red o de Internet, permite que los expertos auxilien a los novatos a distancia. Web Clips sirve para capturar una zona rectangular de cualquier página web y guardarla en el escritorio como aplique fijo que se va actualizando: es perfecto para listas de los más vendidos, titulares de última hora o programas de vídeo más vistos. Ahora el programa de Diccionario también busca en la Wikipedia.
El programa iChat de chat de texto/voz/vídeo permite ahora usar una foto o una película como fondo de las videoconferencias, a modo del croma key de los mapas del tiempo en la tele. También permite mostrar documentos, presentaciones y películas a nuestros interlocutores en una videoconferencia.
Y el modo de invisibilidad nos deja ver quién más está conectado, pero sin que ellos nos vean o nos interrumpan.
Ahora bien, no todas las funciones de Leopard están tan claras. Por ejemplo, tomemos Stacks. Al hacer clic sobre el icono de una carpeta del Dock (la hilera de iconos de acceso rápido que aparece en la parte baja de la pantalla), se ve su contenido, dispuesto en forma de abanico o rejilla de iconos flotantes.
Resulta práctico si se quiere abrir o arrastrar alguno. Y como los iconos de Leopard son verdaderas miniaturas de los documentos que representan, está muy bien contar con una vista previa de lo que estamos a punto de abrir.
Pero si la carpeta está muy llena, la "pila" sólo muestra parte de su contenido. (En las versiones anteriores de Mac OS X, al hacer clic sobre una carpeta del Dock se obtenía un menú simple, aunque completa, de su contenido).
El tropiezo más grave de Leopard son los nuevos menús traslúcidos. Cuando los mandatos de menú (Guardar como, Vista previa, etc) se superponen al texto del documento que aparece detrás, cuesta mucho más leerlos. Generalmente, los elegantes gráficos de Apple están justificados, porque hacen el Mac mucho más agradables de usar. En cambio, en este caso, no se gana nada y se pierde mucho.
Por lo demás, la única razón para esperar son los habituales defectos de cualquier versión 1.0, que Apple acostumbra a resolver mediante actualizaciones de software al poco de lanzar cada nueva versión. Yo he pasado una semana exprimiendo mi equipo a fondo con el sistema Leopard definitivo, y he experimentado fallos ocasionales de Spaces, de la sincronización automática entre Macs y del cambio entre programas. También he descubierto que algunos programas y complementos necesitarán actualizaciones para funcionar en Leopard.
Por otra parte, Leopard conserva todos los detallitos de las versiones anteriores de Mac OS X. Para asombro de muchos refugiados procedentes de Windows, Mac OS X no necesita número de serie ni 'activación', porque no está protegido frente a copias. No llena el escritorio de pedacitos de software recortado de prueba gratuita de otros fabricantes, ni tampoco hay molestos globitos ni invitaciones.
Leopard también lleva bien la retrocompatibilidad. Gracias a unos requisitos mínimos modestos (512 megabytes de memoria, 867 MHz), Apple asegura que Leopard funciona en los Macs de hace tres años e incluso en los de gama alta de hace seis años.
Leopard es potente, pulido y ha sido concebido con gran cuidado. En cada rincón se ocultan sorpresas agradables y muy pocas decepciones. Es un Leopardo con más de 300 manchas nuevas, y la mayoría de ellas son benignas.
© 2007 David Pogue
Publicado en The New York Times y reproducido con permiso del autor.














Muy buen artículo. La verdad es que no tenía ni idea de la forma en la que actualizaba Time Machine, y eso que lo uso y he leido bastante de él. A mí lo que me asustaba es que colapsase el disco duro con duplicidades, pero por el momento bien. Salu2
Escribir un comentario