Primer contacto con el nuevo teléfono de Google
Ayer Google y T-Mobile salieron a escena en Nueva York para desvelar el primer teléfono Android.
Android, como ustedes ya sabrán, es el nuevo sistema operativo de Google para teléfonos móviles, que más de 30 operadoras y fabricantes han indicado que van a adoptar. En su momento publicaré un análisis completo, ya que ayer sólo pude probarlo durante algunos minutos, pero éstas son mis impresiones iniciales.
Ante todo, los aficionados a acumular funciones estarán encantados. El G1 con Android está a todas luces pensado para imitar al iPhone, pero resolviendo todas las quejas que éste despierta. Es una tableta negra con pantalla táctil, Wi-Fi y Bluetooth, se desbloquea deslizando el dedo, tiene una pantalla de inicio con sus iconos, tiendas de aplicaciones y de música descargables desde el propio terminal, Google Maps, navegación web a pantalla completa, acelerómetro que gira la pantalla al girar 90 grados el teléfono, etc.
Pero también cuenta con todos los elementos que algunas personas echan en falta en el iPhone: teclado físico (oculto bajo la pantalla, que se desliza hacia un lado en caso necesario), ranura para tarjetas de ampliación de memoria, batería extraíble, marcación por voz...
Incluso le han añadido una función a Google Maps: en Street View (las fotografías de los lugares, sacadas sobre el terreno), se puede sostener el teléfono perpendicularmente al suelo, y cuando giramos el cuerpo, la foto también gira, a modo de brújula fotográfica, de modo que lo que se ve en pantalla coincide con lo que ven nuestros ojos. Es tan sorprendente como realmente práctico, sobre todo cuando uno sale del metro y no tiene ni idea de hacia dónde está orientado.
Por otra parte, el G1 no es un iPhone. Más funciones implican más complejidad: la carátula del G1 tiene cinco botones, en lugar de uno solo. Además, lleva un trackball, teclas de flecha y pantalla táctil. Ésta no es multitáctil, por lo que se pierden características tan ingeniosas como el gesto de pellizcar para ampliar y reducir las imágenes. Al llevar teclado y batería extraíble, el G1 es mucho más grueso y feo que el iPhone.
Y, por supuesto, tampoco es un iPod. Con él se puede escuchar música, pero no ver vídeos, salvo los de YouTube, y mucho menos grabarlos, y no hay manera de comprar programas de TV ni películas aunque el teléfono fuera capaz de reproducirlos.
Por último, el G1 lo vende T-Mobile. ¿Se quejaba usted de la red 3G de AT&T? Pues sepa que la red 3G de T-Mobile sólo cubre 19 ciudades y compárela con las 200 de AT&T. [El comentario de David Pogue se refiere a la cobertura en los Estados Unidos, el país donde será lanzado inicialmente el G1].
Pero hay algo muy importante: tanto Android como el G1 son abiertos. Abiertos, abiertos, abiertos, hasta niveles que le pondrían los pelos de punta a Steve Jobs. Este teléfono puede ser desbloqueado al cabo de 90 días, para utilizar una tarjeta SIM de cualquier otra operadora. El sistema operativo es gratuito y de código abierto, lo que significa que cualquier empresa puede introducir cambios sin pedir permiso ni pagar nada a Google. La tienda de aplicaciones también es completamente abierta; T-Mobile y Google aseguran que no van a censurar ningún programa aunque no les parezca bien, a diferencia de lo que hace Apple en su tienda del iPhone. Ni siquiera aunque alguien cree un programa parecido a Skype, que permita a los usuarios hacer llamadas por Internet y evitar así el consumo de minutos de voz celular de T-Mobile.
Android no es tan bonito ni atractivo como el software del iPhone, pero es infinitamente superior a Windows Mobile, y además es abierto. El G1 no es más que el primer teléfono que lo utiliza, y vendrán muchos más. Se avecinan tiempos excitantes.
© 2008 David Pogue
Reproducido de The New York Times con permiso del autor.













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