¿Usar el correo-e engorda?
La comunicación digital tiene muchas ventajas, pero entre ellas no parece estar la buena salud. Un especialista en medicina laboral asegura que levantarse para hablar con los colegas en lugar de mandarles mensajes internos puede rebajar hasta cinco kilos de peso al año. El debate no es nuevo: hay empresas que practican un día sin correo-e a la semana, aunque por otros motivos.
La gimnasia laboral no consiste necesariamente en realizar tablas de ejercicios matinales a pie de cadena de producción, ni en usar las instalaciones deportivas a cargo de la empresa. Un artículo de Marta Matute en el diario Cinco Días recoge declaraciones del doctor Carlos de Teresa, presidente de la Sociedad Andaluza de Medicina Deportiva, realizadas en el marco de la Convención Internacional de Cardiología Laboral. Según de Teresa, hay que fomentar hábitos que combatan el sedentarismo y el sobrepeso que conlleva. Por ejemplo, sustituir el envío de mensajes electrónicos de los compañeros por el desplazamiento hasta sus puestos de trabajo permitiría bajar hasta cinco kilos de peso al año.
Este tipo de recomendaciones se vienen repitiendo desde la adopción generalizada del correo-e. En el año 2005, un grupo de médicos británicos ya propuso declarar todos los viernes como 'días sin correo-e', basándose en que un aumento del 10% en la actividad física diaria evitaría al menos 6.000 muertes en el Reino Unido.
Otras iniciativas para moderar el uso del correo-e
Los motivos de salud no son los únicos que se aducen para proponer un menor uso de la comunicación empresarial digital. Ya en el año 2002, el ayuntamiento de Liverpool prohibió el uso del correo interno todos los miércoles, y en 2004 la firma Veritas Software hizo lo propio, pero los viernes. En ambos casos, la intención era similar: obligar a los empleados a tratar los asuntos cara a cara favorece la productividad, evitando que se desentiendan al haber enviado el mensaje. Otras organizaciones que han aplicado prácticas similares son los supermercados británicos Sainsbury y el fabricante alemán de grifería Hans Grohe.













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