
'El ángel de la guarda', capítulo 46
Enviado por Rafael Ramos el 7 marzo, 2008 - 11:00.
El cuatro por cuatro, lleno de polvo, brinca como un potro salvaje por la enrevesada carretera de tierra, a través de un bosque frondoso y eterno, entre ciénagas y minas de ópalo y basalto hace largo tiempo clausuradas. Los cantos golpean sin piedad el tubo de escape y la parte baja de la carrocería. Ya le advirtieron que no era precisamente una autopista, pero nunca imaginó que tendría tantos pedruscos y socavones. Lleva abiertas todas las ventanas del 'jeep' color caqui -desgraciadamente sin aire acondicionado- que alquiló en el aeropuerto de Cooktown, pero aún así suda copiosamente. La humedad de la selva tropical hace que treinta grados parezcan el doble. Sólo lleva recorridos medio centenar de kilómetros en dos horas, calcula que le deben quedar otras cuatro o cinco. Llegará a media tarde, si no se le pincha una rueda, en cuyo caso no llegaría nunca. Estás loco de remate, Andy, esta endiablada carretera no la usan más que los arborígenes de Queensland, y los lagartos.
'El ángel de la guarda', capítulo 45
Enviado por Rafael Ramos el 29 febrero, 2008 - 21:15.
La District Line del metro va como siempre a tope, con los turistas rezagados y la última hornada de gente que vuelve a casa tras un par de refrescantes pintas en el pub. Andy tan sólo consigue sentarse una vez pasada la estación de Earl's Court, cuando se baja un grupo de italianos cargados con bolsas de 'Harrods' y 'Harvey Nichols'. Se acerca Navidad y los grandes almacenes cierran a las nueve. Abre el 'Guardian' por las páginas de deportes. La temporada está en plena ebullición y ya nadie se acuerda del escándalo del verano. Los éxitos de unos y los fracasos de otros, la gloria y la miseria del fútbol, las ansias de grandeza, las ilusiones perdidas, el nuevo contrato multimillonario de televisión, lesiones, despidos, rumores de fichajes, entrenadores que no se comerán los turrones... La misma noria de siempre que da vueltas y vueltas sin cesar, distrayendo de las miserias cotidianas y alimentando sueños vacíos, como un hojaldre que no tiene nada dentro.
'El ángel de la guarda', capítulo 44
Enviado por Rafael Ramos el 22 febrero, 2008 - 16:00.
Laura contempla absorta la pantalla de la tele en el salón de su casa de Notting Hill, con una taza de té en la mano. El presentador de las noticias de las seis en BBC informa solemnemente de una nueva tragedia ferroviaria en Gran Bretaña, esta vez entre Londres y Manchester. Un 'Intercity' y un tren de mercancías cargado de carbón colisionaron a la altura de la ciudad de Rugby en la hora punta de la mañana, se especula que debido a un fallo en las señales. Las escenas son dantescas. Humo, un amasijo de hierros, chatarra desperdigada, vagones volcados, restos de teléfonos móviles, maletines, muñecas y osos de peluche, gente histérica. Relatos de los testigos, llantos, el ulular de las sirenas de las ambulancias, bolsas de plástico con cuerpos mutilados dentro. Es imposible conocer el número de muertos porque los dos vagones de primera clase del 'Intercity' quedaron completamente calcinados, y no se sabe cuánta gente iba dentro.
'El ángel de la guarda', capítulo 43
Enviado por Rafael Ramos el 15 febrero, 2008 - 00:00.
El castillo normando de Manorbier domina la costa de Pembrokshire desde lo alto de un promontorio. Dejan el Volvo en un camino de gravilla y atraviesan a pie el puente de madera sobre el antiguo foso, ahora un simple terraplén recubierto de musgo. Las almenas de los torreones se abren paso entre la fantasmagórica bruma matinal del sudoeste de Gales, un par de horas antes de que empiecen a llegar los primeros turistas. Las murallas mantienen bien el tipo después de un puñado de siglos. Andy golpea la aldaba con fuerza, pero sabe que es inútil. Dentro no se oye nada, ni aunque dioses y gigantes aporreasen la puerta. Conoce el lugar porque ya estuvo aquí, para una fiesta de fin de año, cuando todos eran más jóvenes y sus vidas, menos complicadas. Sólo queda el esqueleto del castillo, alrededor de un jardín interior con los restos de la capilla donde nobles y príncipes rezaban antes de ir a la guerra, igual que ahora hacen Bush y Blair...
'El ángel de la guarda', capítulo 42
Enviado por Rafael Ramos el 8 febrero, 2008 - 00:00.
Strawberry Hill, territorio de las clases medias, un barrio de quiero y no puedo. Para los perdedores, piensa Jack, que en realidad desearían vivir en Richmond o Twickenham, pero se conforman con las zonas fronterizas en espera de que les toque la primitiva. Calles residenciales ni bien ni mal, con casitas unifamiliares y chalets resultones, de imitación estilo tudor, pero entremezclados con bloques de viviendas subvencionadas para los pobres, y sobre todo los jetas que viven del cuento. No entremos en política. Otros han de lidiar con el bienestar social, tú ya tienes bastante con los inmigrantes y los delincuentes.
'El ángel de la guarda', capítulo 41
Enviado por elangeldelaguarda el 1 febrero, 2008 - 00:00.
Un debate aburridísimo, interminable y lleno de mala uva en la Cámara de los Comunes retiene a Jack hasta casi la una. El mundo arde y los parlamentarios británicos se dedican a examinar de madrugada las ventajas e inconvenientes de la caza del zorro. Con Chris recluido en la universidad de York, y Cynthia muda y encerrada en las murallas de Sonning desde que murió su amante, Jack utiliza cada vez más el pequeño escondrijo de soltero que disfruta como ministro del Interior. Andy come una pasta improvisada en la mesa del comedor, con una botella de vino abierta y Sky Sports en la televisión. Se saludan brevemente, pero una llamada al móvil del abogado interrumpe las formaldades. Jack deduce por el tono que se trata de una mujer con la que tiene bastante familiaridad, pero parece una cuestión de trabajo. Apunta una dirección y un nombre –'Alter Ego'-, sin hacer nada por ocultarlo. Agradece la información y parece satisfecho. Le cambia la expresión de la cara. Parece tenerlo todo muy claro en su cabeza, quizás nació para abogado del diablo.
'El ángel de la guarda', capítulo 40
Enviado por Rafael Ramos el 25 enero, 2008 - 21:00.
El consejo de ministros es rápido y conciso. Tony tiene prisa porque sale esa misma tarde de viaje a Estados Unidos, para pronunciar un discurso ante las dos cámaras del Congreso –honor raramente concedido a un líder extranjero, sólo a los más dóciles- y pasar luego el fin de semana en el rancho tejano del presidente yanqui, jugando a montar guerras y cazar terroristas. Jack tiene que soportar las mofas de algunos colegas de gabinete por la caída de su estrella y los palos que le da la prensa. '¿Qué hiciste a los plumillas, Jack?. No te dejan respirar'. 'Esa tal Lucinda Johnson te lleva de cráneo, ¿eh?. Tengo entendido que está muy buena. ¿Por qué no la invitas a cenar, tú y ella mano a mano?. Ja, ja, ja'. 'A este paso, compañero, conseguirás hundir tú solito el nuevo laborismo'.
'El ángel de la guarda', capítulo 39
Enviado por Rafael Ramos el 18 enero, 2008 - 12:00.
Jack Carluccio cuelga el teléfono de golpe en un arrebato de ira. Deben ser los genes calabreses, que de vez en cuando se imponen a la flema inglesa heredada del lado materno. Su bisabuelo emigró a Liverpool en la segunda mitad del siglo XIX, a trabajar en los astilleros junto con miles de irlandeses católicos muertos de hambre que se pasaban el día soñando con un estofado a base de cordero y patatas. Se casó con una inglesita morena de Chester, de piel pálida y pecosa, a la que seguramente enamoró gracias a una combinación de suculentas pastas y pasión latina, y desde entonces cuatro generaciones de Carluccio son tan británicos como el que más, incluidos los Windsor, que por cierto provienen de Alemania. Obviamente no es el mejor apellido para prosperar en la política de un país donde cuenta hasta el acento del jardín de infancia, pero las credenciales de Jack siempre fueron impecables.
'El ángel de la guarda', capítulo 38
Enviado por Rafael Ramos el 11 enero, 2008 - 15:57.
Desciende la colina por la misma senda que tomaron las ovejas, siempre en dirección al lago. Atraviesa campos, rodea balas de heno, pisa el amarillo todavía pálido de los narcisos, abre y cierra portalones de madera para que no se cuelen los animales. Lleva las manos en los bolsillos y el jersey anudado en la cintura, como antaño, únicamente más solo y más viejo, sin el aliciente de una buena conversación con Laura, más tarde, junto al fuego de la chimenea, entre sueños de ópalos y rosas. No desafíes al tiempo, Andy, porque es un juego para perdedores. Se sienta en un banco, húmedo a pesar de que luce un suave sol de atardecer. Devuelve el saludo cortés de una pareja mayor que pasea los perros y las 'Barbour'. Las copas de los árboles y las colinas redondeadas se reflejan en un agua de color azul turquesa. Andy piensa en aquel día, muchas vidas atrás, cuando era un crío y recibió la oferta para trabajar en los servicios de inteligencia británicos.
'El ángel de la guarda', capítulo 37
Enviado por Rafael Ramos el 4 enero, 2008 - 20:00.
Dennis sigue perdido en combate, jugándose hasta las pestañas en el hipódromo de Happy Valley. Tras un último y vano intento de localizarlo, Andy camina veinte minutos hasta la estación de metro de Wan Chai, en Henessey Road, disfrutando de un sol cobarde y una brisa templada. Se siente bien. Chang hizo todo lo posible por humillarlo, pero al menos ha averiguado que Laura está sana y salva, y que pronto será libre. Ahora sólo quedan los pequeños detalles, como por ejemplo encontrar 250.000 libras esterlinas...





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