A estas alturas, seguro que ya conocen ustedes todos los detalles del nuevo iPhone 3G, que llegará a las tiendas el próximo 11 de julio a un precio de 199 dólares en el caso del modelo con 8 GB de memoria; nada menos que la tercera parte del precio original de hace un año. El nuevo modelo llega GPS incorporado, una toma de auriculares normal en lugar de especial, y una duración de la batería ligeramente mayor. Y, por supuesto, el doble de la velocidad de Internet (gracias a la antena '3G').
Algunos observadores de Apple han tardado muy poco en lamentar la ausencia de todas las características que continúan pendientes: la batería sigue sin ser intercambiable por el usuario, no hay teclado físico, función de copiar y pegar, ranura para tarjetas de memoria, grabación de vídeo, sonido estéreo por Bluetooth ni MMS (la posibilidad de mandar fotos a otros teléfonos móviles).
Sin embargo, las quejas más sorprendentes se refieren a lo que no era más que un rumor: que el nuevo iPhone, gracias a su velocidad 3G, permitiría realizar videollamadas, como si fuera
el reloj de Dick Tracy. (El rumor ha resultado ser infundado).
Reconozco que me tenía intrigado esa posibilidad. Pero durante toda la semana me tuvo preocupada una cosa de este rumor: para hacer videoconferencias hace falta tener una cámara encima de la pantalla.
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