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WildCharge: un cargador prácticamente perfecto

10 octubre, 2008 - 15:05 | 2 comentarios
¿Querría poder volar si antes de cada vuelo tuviese que ponerse una cota de malla de 117 piezas? ¿Querría el poder de teletransportarse si antes de cada paseo tuviera que rellenar un formulario de 72 páginas? ¿Querría dominar el universo si para ello tuviera que pedalear sobre una bicicleta estática durante 14 horas al día? Dicho de otra manera: ¿Cuántos inconvenientes seria usted capaz de soportar a cambio de un poco de magia? Gracias a un nuevo producto llamado WildCharge la pregunta planteada no parece tan hipotética. El concepto es irresistible: por 60 dólares (unos 44 €) ya se puede adquirir una delgada alfombrilla del mismo tamaño que una para el ratón (203 x 152 mm), con 12 franjas cromadas en la superficie. Al llegar a casa cada día, con sólo depositar el móvil, el iPod y el BlackBerry sobre la WildCharge, quedarán sujetos a ella magnéticamente y empezarán a cargarse automáticamente. En otras palabras, esta alfombrilla sustituye a la horrenda masa de feos cargadores negros que hacen falta para recargar sus dispositivos móviles. (En el infierno existe un lugar reservado para todos los diseñadores de productos electrónicos que han fabricado en alguna ocasión uno de los innumerables cargadores incompatibles entre sí). Como la WildCharge puede cargar cinco chismes a partir de una sola toma de corriente, deja cuatro enchufes de la su casa libres para otras tareas más importantes. Si viaja usted a menudo por trabajo, comprobará que llevarse este aparato es más sencillo y ligero que cargar con varios ladrillos negros. La primera vez que se deposita el BlackBerry o el RAZR sobre la WildCharge y se observa cómo se enciende la luz que indica “Cargando Batería” sin que hayamos tenido que hacer nada, no se puede evitar sonreír y pensar que así es como deberían funcionar las cosas. Wildcharge no es la única empresa que ha estado persiguiendo el sueño de superficies inalámbricas que recargan aparatos móviles sobre escritorios, mesas de habitaciones de hotel y encimeras de cocina. Varias empresas han trabajado en la creación de este tipo de producto pero WildCharge es la primera que logra lanzarlo al mercado. Según el fabricante, la diferencia esta en la tecnología utilizada. La competencia trata de incorporar la denominada energía de inducción inalámbrica, que transmite la energía mediante campos magnéticos que cambian rápidamente. Así es como se cargan los cepillos dentales eléctricos. La ventaja es que no se necesita ningún contacto visible para conducir la energía, pero la desventaja reside en la baja eficiencia, la susceptibilidad a las interferencias y, evidentemente, la dificultad de lanzar un producto al mercado. En cambio, la WildCharge usa energía conductora, es decir que los aparatos que entran en contacto con las tiras metálicas se cargan sin radiación ni campos magnéticos, de modo que las tarjetas de crédito, los discos duros y cintas de video no corren peligro. Tampoco existe riesgo de descargas eléctricas. En caso de contacto entre la piel, líquido o metal con las tiras metálicas, la electricidad se corta al instante (sí, lo he comprobé y no noté nada) y la WildCharge vuelve a cargar los aparatos en cuanto desaparecen los elementos extraños. Bien, la WildCharge funciona como por arte de magia y resuelve todo tipo de problemas... Entonces ¿cuál es el inconveniente, ya sabe, el equivalente en la WildCharge de la cota de malla de 117 piezas, la bicicleta estática o el formulario de 72 páginas? El inconveniente es que la electricidad de alguna manera tiene que encontrar una ruta entre la alfombrilla y el dispositivo móvil para poder cargarlo. Cualquier chisme compatible con la WildCharge debe contar en su parte trasera con cuatro pequeñas protuberancias metálicas, dispuestas estratégicamente para que hagan contacto sea cual sea la posición en que dejemos los aparatos sobre la alfombrilla. El problema es que ningún dispositivo actual dispone de esos conectores. Leer más

El BlackBerry Curve a prueba

14 mayo, 2007 - 16:25 | 1 comentario
Los seres humanos tenemos que conformarnos con las características que teníamos en nuestra fecha de fabricación. Pocos adultos se hacen mucho más altos, más rápidos ni más artísticos. En cambio, la electrónica de consumo es otra cosa. Cortando un poco de aquí, poniendo un poco allá y adoptando las mejoras tecnológicas a medida que van surgiendo, las empresas pueden refinar un producto mediocre a lo largo de versiones sucesivas, hasta que sea un éxito... siempre que sepan lo que se traen entre manos. Está claro que Research in Motion (R.I.M.), fabricante de los teléfonos con correo-e BlackBerry, sabe lo que se trae entre manos. Así lo demuestra el nuevo BlackBerry Curve, que estará disponible dentro de unas semanas. El precio todavía no se conoce, pero es probable que ronde los 250 € con compromiso de permanencia. (RIM también ha anunciado el modelo para empresas BlackBerry 8830, que carece de cámara y, sorprendentemente, es compatible con la red americana de Verizon y con las redes GSM de otros países). Un Blackberry, como saben todos los ejecutivos agresivos, es un teléfono móvil adictivo, equipado con un teclado diminuto. Su mayor atrativo es la entrega del correo-e de cualquier tipo de buzón en tiempo real, en cuanto llega, sin tener que ir a buscarlo. De hecho, si usted utiliza el correo de Yahoo o un buzón de correo-e corporativo, su BlackBerry incluso sincroniza sus accciones a distancia: las respuestas enviadas desde el BlackBerry aparecen en la carpeta de correo enviado de nuestro ordenador. No obstante, últimamente RIM se ha dedicado a cortejar al resto del mundo: los montones de gente a quienes también les interesa llamar por teléfono y escuchar música. El pequeño BlackBerry Pearl, lanzado el año pasado en cromado y negro, podría ser el teléfono avanzado más bonito que se haya diseñado, y se ganó legiones de nuevos fans no empresariales. Sin embargo, como demuestran los mechones de pelo arrancados de la cabeza de cualquier diseñador de teléfonos avanzados, no es posible tenerlo todo: un teléfono puede ser elegante o bien tener un teclado alfabético completo, pero no las dos cosas. El Pearl sólo cuenta con 14 teclas para representar todo el alfabeto, la mayoría de ellas con dos letras. El software incorporado se encarga de adivinar la palabra que queremos. Normalmente, este sistema funciona con éxito, pero a veces puede volvernos locos. Se pueden tardar varios minutos en teclear una palabra que no figure en su diccionario, como descubrí yo el día que intentaba mandar un mensaje a mi amiga Jennifer Bowtruczyk. Así pues, la clave del nuevo BlackBerry Curve es muy sencilla: se trata de un BlackBerry Pearl con teclado QWERTY completo. En este nuevo modelo (también conocido como BlackBerry 8300), cada letra tiene tecla propia. Como es natural, este nuevo teléfono es más ancho que el Pearl, pero es el BlackBerry con teclado completo más pequeño hasta la fecha: 107 x 61 x 15 mm, lo cual lo hace más corto y más delgado (pero algo más ancho) que el Palm Treo 700. Es de agradecer que RIM haya elegido un nombre simpático como es Curve, en lugar de llamar al nuevo equipo DCR-5700C o algo igualmente impronunciable. No obstante, Curve es un nombre desconcertante para este teléfono, que no tiene más curvas que cualquier otro BlackBerry. Tampoco es que RIM nos esté lanzando un tiro en curva, entendiendo por tal "algo totalmente inesperado"; el Curve es un descendiente práctico y lógico del Pearl. Incluso lleva en el centro la misma bola traslúcida y clicable, una herramienta de navegación tan eficiente que uno olvida por completo la ausencia de pantalla táctil como la del Treo. En realidad, varios de los componentes del Curve constituyen mejoras respecto a su predecesor. El flash de la cámara es mucho más potente, y la resolución de las fotos es ahora de dos megapíxels (aunque siguen teniendo aspecto de haber sido hechas con un teléfono). Ahora se puede pasar el corrector ortográfico antes de mandar un mensaje importante, aunque no marca los errores mientras se va tecleando, tal como sí hace Word. El volumen aumenta automáticamente cuando se habla desde un lugar ruidoso, una característica tan sumamente evidente que debería estar presente en todos los teléfonos. Leer más
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